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“A las que se rebelan no se las oye”*

Catalina Gayà

Tres italianas vecinas de Barcelona explican cómo se vive el berlusconismo desde el exilio. El ‘modelo Berlusconi’, sexo-dinero-favores, ha cambiado Italia. Ellas no regresan.

Llegan puntales y, dicen, accedieron a participar en este debate porque quieren que se sepa que lo que ocurre en Italia no es un «chiste». Las tres viven lo que llaman berlusconismo como una tragedia que las mantiene fuera de Italia y que marca sus vidas, sus trabajos, las relaciones familiares. Mariateresa Buongiorno es neuróloga del Hospital Clínic. Giulia Santulli es bióloga y estudia un doctorado. Caterina Borelli es veneciana, antropóloga y la que lleva más tiempo fuera: ocho años. Cuando entran en Diógenes, centro cultural donde es la cita, se ríen. «Sirve como desahogo», dice Caterina. «Para que se escuchen otras voces», explica Mariateresa. «Tápate, que somos italianas», bromea Giulia cuando empiezan las fotos. Luego se ponen serias: no piensan regresar a Italia. Sus propias madres les dicen que se queden.

Collage de Camilla de Maffei

–¿Cómo se engendra el fenómeno de las velinas ministras?
CATERINA: Históricamente, toda la movida de mujeres en ropa interior empezó cuando Berlusconi se apoderó de las televisiones privadas nacionales. El primer programa en el que aparecen es en Drive In, un espacio de humor.

–La velina es made in Berlusconi.
CATERINA: Yo nací en 1980. No tengo vida antes de Berlusconi.
MARIATERESA: Esa imagen de la mujer no existía, pero sí que había el vacío que ha generado todo esto.

–En los años 80 esas mujeres trabajaban en la tele, ahora son ministras. ¿Cómo se produce ese salto?
CATERINA: Ahora ya no hay un corte o un salto entre la tele y la política. Si Drive In estuviera en antena, las mujeres que aparecerían en el programa estarían al día siguiente en el Parlamento. Berlusconi fue preparando el terreno y se generó un modelo cultural muy poderoso.
GIULIA: Todo el mundo veía Drive In.
CATERINA: Berlusconi no se inventó nada sobre la prostitución, lo que sí se inventó es que sus concubinas estén en el Parlamento. Es más, esto no tiene nada que ver con la prostitución. No hay ningún problema si una quiere trabajar como prostituta mientras no haya trata. El tema no es que él recurra a prostitutas. El tema es que él considere a cualquier mujer como un objeto. Te pongo un ejemplo: Rosy Bindi [actual líder del Partido Demócrata] es una política católica que tal como está la cosa parece La Pasionaria. Berlusconi se ensaña con ella y le dice fea. Eso es el berlusconismo en política: mandar callar a un miembro de la oposición diciendo que es fea.

–¿Y qué contestó ella?
CATERINA: «No soy una mujer a su disposición» y muchas mujeres se pusieron camisetas con ese lema.
MARIATERESA: Es verdad, el problema no es que sean prostitutas, es que Berlusconi las nombra ministras.
GIULIA: En el último escándalo hay dos menores y se ha encontrado cocaína. Eso es delito.

–Entonces, sí hay mujeres que se enfrentan a Berlusconi.
GIULIA: Claro, pero no se las oye.
CATERINA: El berlusconismo habla a gritos y con agresividad. El diálogo es imposible.
GIULIA: Y siempre es el mismo discurso: el complot comunista, la magistratura es corrupta…
MARIATERESA: Siempre degrada el trabajo de las mujeres. Un ejemplo: la magistrada que está llevando el caso Ruby. Los periódicos de Berlusconi la acusan de doble moral. Por favor, se besó con un político de izquierdas. Siempre intentan meterlo todo en el plano sexual. Cualquier mujer es una puta más.

–Y la gente lo sigue.
MARIATERESA: Mucha gente sueña con que su hija sea ministra en tres días. Mara Carfagna, ministra para la Igualdad de Oportunidades, era mi profesora de aeróbic. Era la novia del dueño del gimnasio. Se presentó a un concurso de Miss Italia y ganó el título de Miss Cine. Entonces, la cogieron para aparecer en programa de Berlusconi y, no sabemos qué pasó, pero, de repente, salió con el pelito corto, súper profesional y ministra.
CATERINA: El partido de Berlusconi tiene una escuela de formación de ministras y las forma en tiempo récord. ¡Seis meses antes estaba en pelotas haciendo calendarios y a los seis meses está en el Parlamento!Tres italianas vecinas de Barcelona explican cómo se vive el berlusconismo desde el exilio. El ‘modelo Berlusconi’, sexo-dinero-favores, ha cambiado Italia. Ellas no regresan.

MARIATERESA: Carfagna ha sido candidata en mi circunscripción y la ha votado todo el mundo. Berlusconianos y no berlusconianos. La conocían.
GIULIA: ¡Por eso la votaron!
MARIATERESA: Era de su tierra y la votaron sin preguntarse cómo llegó a ministra. Eso solo pasa en Italia. Ayer enseñaba a levantar las piernas en el gimnasio y hoy es ministra. Es culpa nuestra.
CATERINA: Como mínimo, la hubiese puesto en el Ministerio de Deporte.

–¿Tanto poder acumuló Berlusconi?
CATERINA: Yo no sé si alguien le sugirió el modelo-velina o si fue fruto de su mente perversa. A nivel práctico tenía ese poder. Se hizo con tres televisiones privadas nacionales, periódicos….Y la televisión pública italiana está organizada de tal manera que el Gobierno también la controla.
MARIATERESA: Él empezó con ese modelo cultural de mujer objeto. En ese momento tampoco había internet y la gente no se podía despegar de esa visión que él iba imponiendo y con la que moldeaba la opinión pública. En realidad ahora ha explotado, pero es un trabajo de años.
GIULIA: Hay que recordar que él llegó a la política porque tenía que salvarse. Craxi [expresidente del Gobierno y amigo de Berlusconi] había caído y él era el siguiente en la lista.

–No puede ser que toda Italia haya seguido su modelo.
GIULIA: Nosotras estamos entre el 50% que no lo sigue, pero lo votó mucha gente.
CATERINA La televisión pública también tuvo que adaptarse al modelo de Berslusconi. Hay que aceptarlo: la gente quiere ver pechos y culos.

–¿Hombres y mujeres?
MARIATERESA: A las mujeres nos enseñan que esto es a lo que tenemos que aspirar. Y ellos lo disfrutan.
CATERINA: ¡En muchísimos programas aparecen pechos aunque el espacio no tenga que ver con eso! En algún momento dejas de verlos, pero llega al inconsciente hasta el punto de que una madre dice: ‘Ojalá mi hija fuera amante de Berlusconi’.

–¿Por qué más mujeres no se rebelan? ¿Dónde están las italianas?
CATERINA: Trabajando.
MARIATERESA: Intentando llegar a final de mes. Las mujeres son el pilar de Italia, pero quedan totalmente tapadas por todo esto.
GIULIA: Es verdad que hay mujeres que se tragan el modelo de la tele.
CATERINA: Yo iba a decir que las mujeres de a pie no son así. Y es verdad que no son todas así, pero cada vez veo a más velinas en la calle. Tienen una actitud a lo Paris Hilton y se mueven como si quisieran hacerte pensar que ellas son alguien. El modelo Berlusconi va más allá de enseñar los pechos.
MARIATERESA: El modelo tiene un mensaje: no pienses y confórmate. Y ha influido a hombres y mujeres.

–A los hombres, ¿cómo les afecta el modelo Berlusconi?
GIULIA: Ahora ser listo no tiene sentido; la moralidad no tiene sentido. El chanchullo está bien visto.
MARIATERESA: Se piensa que quien sigue la norma es tonto.
CATERINA: Yo creo que esa mentalidad ya viene de antes. Berlusconi es la confirmación de esa mentalidad: «Si has llegado a ser el hombre más rico de Italia saltándote las normas, es porque eres un listo y yo te voto. Si sabes manejar así tus asuntos, sabes manejar el país».

–Y hasta ahora ha conseguido superar todos los escándalos.
CATERINA: La pregunta es: ¿va a caer el Gobierno por el caso Ruby? Yo supongo que sí, porque, si no, qué más puede pasar. Aun así, es como agarrar a Al Capone por evasión fiscal. El problema con Berlusconi no es que esté con menores. Eso es un delito grave, pero yo no reduciría el problema Berlusconi a eso. Pero, de todas formas, si esto nos sirve para librarnos de él, ¡gracias, Ruby!
GIULIA: Debería haberse ido hace años por sus relaciones con la mafia.
MARIATERESA: Y porque se sospecha que formó parte de los asesinatos de jueces. Solo la sospecha es suficiente para cesarlo.
GIULIA: En Italia se ha olvidado todo.
CATERINA: Y el Gobierno italiano se tambalea por una prostituta. Esto es como un culebrón.

–¿Hay alternativa política?
CATERINA: Desde que entró en política ha dictado las reglas del debate político y la oposición también se rige por el berlusconismo. Cuando están en el Gobierno, no se ponen de acuerdo en nada. Lo único que les une es estar en contra de Berlusconi. Es una figura que ocupa tanto espacio que todo gira alrededor suyo, para bien y para mal.
GIULIA: Todo el mundo está afectado por el berlusconismo: la izquierda, el centro izquierda. Se han acostumbrado a ese sistema y por eso, cuando tuvieron la oportunidad de hacer algo, no ocurrió nada. Hubieran podido sacar una ley por conflicto de intereses y Berlusconi se habría ido. ¡Es como una enfermedad!
CATERINA: Te pongo un ejemplo. El otro día, en el aeropuerto de Milán, ciudad berlusconiana, compré La Repubblica, un periódico de centro izquierda que ahora allí podría parecer trotskista, y la revista Internazionale. Me di cuenta de que una pareja me miraba fijamente y me acordé de que mi madre me había dicho que un día, caminando por la calle, alguien le había gritado «¡comunista!» por llevar La Repubblica bajo el brazo. El hombre se acercó y yo me esperaba un grito, pero me felicitó. Esto es Italia, el día a día. Ahí, si eres de izquierdas, estás deprimida.

–¿Entonces es un conflicto izquierda-derecha?
CATERINA: ¡No! Es una cuestión de personas contra el delirio absoluto. Hay una crisis política, social, moral. El clima es deprimente. Llevo ocho años aquí y ser de izquierdas en Italia es causa de depresión clínica. Mi madre me decía al principio: «¿Por qué no vuelves?» Y ahora me dice: «No vuelvas. Vengo yo».

*Este debate se publicó el 30 de enero del 2011 en el Cuaderno del Domingo de El Periódico de Catalunya. El debate sobre la cosificación de la mujer y de la responsabilidad de los medios fue saliendo a medida que las tres mujeres fueron desarrollando su discurso. La fotógrafa Camilla de Maffei hizo un trabajo fotográfico que cede para Comress.

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