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Elisabeth Roura

Más de siete lenguas y veinte etnias configuran una región que se ha convertido en la imagen de África durante el último año. Las Naciones Unidas alertaron sobre la situación de hambruna extrema en julio de 2011, cuando hacía casi un año que la sequía iba destruyendo por completo los recursos naturales y ganaderos de la zona, el único sector productivo que mantiene a la población. El reclamo de ayuda por parte de las agencias internacionales provocó un sinfín de noticias y artículos periodísticos que confirmaban lo que las ONG venían asegurando hacía años. El Cuerno de África estaba ya destruido. La sequía sólo empeoró un conflicto longevo y arraigado como las mismas comunidades que lo sufren.

La cobertura informativa fue veloz desde que estalló la alerta, pero sólo en contadas ocasiones se trató con profundidad: datos de inanición, olas de refugiados y una fotografía de un bebé desnutrido que dio la vuelta al mundo. África y hambre hace décadas que se cogieron de la mano, y ya pocos se preguntan por qué. La mayoría de medios de habla hispana tienen, en el mejor de los casos, un sólo corresponsal para informar sobre un continente que acoge más de un billón de seres humanos. Como bien afirma un artículo publicado en la revista de ciencia política Foreign Policy, “los periodistas dedicados a África viven en Johanesburgo o Nairobi y desde allí tienen que cubrir 54 países: es una locura”. Veinte años atrás la situación era la misma, entre uno y tres corresponsales para todo un continente, y no ha cambiado. Se invierte poco en África y mucho en la crisis que vivimos en Occidente, resulta más rentable y menos problemático. Si ahondamos en el conflicto en el Cuerno de África, afloran demasiadas responsabilidades para los países europeos.

Hoy en día las herramientas disponibles para informar son más efectivas, rápidas y útiles, hablamos de globalización informativa como una capacidad del periodismo del futuro aceptando, en cierta forma, el liderazgo asegurado de las grandes corporaciones y agencias. Hay un salto enorme entre el problema a cubrir y la persona que lo cubre. Según un informe de Reuters, “el modelo de negocio de los medios se ha modificado, la revolución digital ha acelerado cambios poco meditados”. Lo cierto es que esta crisis económica que vive interiorizada en nuestras preocupaciones diarias ha provocado que la otra crisis quede aún más olvidada. Se prescinde de corresponsales y éstos tienen pocas opciones de ser freelance, porque para informar sobre África se necesitan muchos recursos, tanto económicos como profesionales. Mucho más que un blog y una cuenta activa en twitter. Por cierto, el hashtag #cuernodeafrica hace meses que quedó en el olvido.

Informe sobre la situación y antecedentes  Informe_Cuerno_de_Africa_Roura
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