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Nereida Carrillo

“¡Que viene el coco! ¡Que viene el coco!”. Lo que podría ser parte de un cuento infantil relatado para amedrentar a los niños se ha convertido en el principal discurso de una parte de los medios de comunicación. A pocos días para que empiece la campaña electoral en Catalunya, no hay que ser muy perspicaz para adivinar que el discurso del miedo será la estrella. Lo ha venido siendo últimamente con declaraciones como las de la presidenta del PP catalán, Alicia Sánchez-Camacho, quien aseguró que los títulos universitarios no valdrían en una Catalunya independiente o las del vicepresidente del Parlamento Europeo, Aleix Vidal-Quadras, que insinuó que el gobierno español debía enviar una “brigada de la Guardia Civil” a Catalunya, unas palabras que después retiró.

Ayer en las portadas de los periódicos, veíamos otro montón de amenazas y predicciones de desgracias: en la de El Mundo, una “Cataluña independiente perdería el 19% del PIB”; en la de La Razón,La independencia de Cataluña chocaría con 15 países de la UE”. Desde hace ya demasiados días, algunos medios de comunicación nos tratan como niños; esos medios que deben informar para fomentar la libertad de elección en democracia se dedican a asustar como si viviéramos en un Halloween perpetuo, como si no supiéramos que allá fuera no hay lobos.

La tendencia al alarmismo en la comunicación y la información política y electoral no es nueva, pero parece que desde hace un tiempo está rebrotando con fuerza. Un análisis de la información electoral en medios catalanes durante la campaña de 2010 detecta discursos alarmistas en un 35% de las piezas electorales analizadas. Los ciudadanos, según estudios de recepción que también forman parte de estudios en curso, están cansados de este tipo de comunicación e información política, les repele y dejan de escuchar, leer o mirar un tipo de contenidos que tienden cada vez menos a los hechos y cada vez más a la ficción y a las emociones negativas. Precisamente de ello trataremos en el curso en línea de la UOC “La información electoral en la era del infoentretenimiento”, que empieza a finales de noviembre y para el cual aún hay plazas disponibles.

Parece contradictorio que los medios de comunicación y los políticos continúen abonando un tipo de contenidos basado en ataques, alarmas falsas y vídeos que explotan lo sexual, un tipo de contenidos que los ciudadanos rechazan y cada vez escuchan menos. “¡Que viene el coco! ¡Qué viene el coco!”, continúan espantando, apartándose de su misión de informar de forma independiente y menospreciando la inteligencia de la audiencia. Parece claro que para escoger en libertad hoy debemos informarnos en otros sitios. Sabemos que no hay lobos, pero tampoco información.

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