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Carme Ferré y Elisabeth Roura

Ante un incendio que aún arde en Catalunya y que ha dejado atrás hasta el 23 de julio 4 víctimas mortales y 13.000 hectáreas calcinadas, las redes sociales hacen sus propias hogueras: los comentarios de twitteros españoles que rezuman el anticatalanismo más recalcitrante y el estupor de páginas web y diarios de Catalunya y otras partes que lo reproducen, para mostrar así que ese sentimiento aflora a poco que frotes en un parte de la población.

Algunos comentarios, con nombres y apellidos, no tienen desperdicio: “Cataluña arde y piden ayuda en catalán, pues ni un vaso de agua os llegará” o en la misma línea otro usuario desea literalmente “que se quemen y se jodan”, y aún otro pretende enviar “bidones de gasolina, porque el fuego purifica”, tweets que confirman lo poco que ha evolucionado la sociedad respecto a atrocidades cometidas en el pasado.

No se fijan en las víctimas ni en los daños a la naturaleza sino que cargan contra el uso de la lengua catalana, algunos escondidos tras el mal utilizado anonimato de las redes sociales para lanzar barbaridades aún más graves. “Si escribís en catalán, es lógico que no os ayuden”, sentencia un usuario, y otros niegan el respeto a los afectados y desean directamente la muerte a todo lo catalán. Desentierran el léxico más conquistador y guerrero, tratando a Catalunya de país sometido por las armas, de territorio que será España o mejor que se convierta, literalmente, en tierra quemada. “Ya que estamos podría arder Cataluña entera y los catalanes, y España sería un lugar mejor para vivir”.

El uso irresponsable de las redes sociales está dando pasos agigantados: si académicamente es interesante el análisis de los comentarios, anónimos o no, en los diarios digitales por la profusión de los ataques e insultos, en Twitter y en las webs personales se muestra impúdicamente la cara más racista y etnófoba de muchos navegantes. Los valores de convivencia que supuestamente rigen las sociedades avanzadas están cada vez más ausentes en las redes sociales, convertidas en ágora de discusión indiscriminada que pone de manifiesto hasta qué punto un usuario puede llegar a expresar opiniones que serían condenables en cualquier otro escenario.

Se carga contra la reputación ajena y contra la propia al hacerlo en perfiles de Facebook, de Twitter y en blogs personales. En este caso, los comentarios perversos en el hashtag #focempordà demuestran que el uso de una lengua del Estado levanta ampollas y solo da motivos para la incomodidad de formar parte de un país que no ha querido ser pluricultural ni plurinacional.

Si es cierto que la situación de crisis aumenta el sentimiento independentista catalán a algunos conversos de última hora, no lo es menos que casos así animan a los que no quieren vivir en un país que no te quiere, que odia lo que eres y que prefiere verte inerte que volviendo a lo que perdió en una guerra hace 300 años.

Actualizando a 25 de julio, Twitter vuelve a ser protagonista: la atleta griega de triple salto Paraskevi Papachristou ha sido expulsada de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 por una comentarios racista en su Twitter. Quizás la época de impunidad y del uso insconsciente de la red irá pasando a medida de estas responsabilidades se exijan en lo que no dejar de ser un medio público. Si se trata de una época de transición, está durando mucho.

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